En una gruta, en un lugar que se encuentra después de la niebla, una anciana alimenta el fuego del caldero en donde una sopa blanca hierve sin pausa.
Con paciencia y delicadeza, la anciana saca del caldero, de tanto en tanto, una masa blanca con una cuchara. Cuando el cuenco se ha llenado, un anciano viene por él y se lo lleva al fondo de la gruta en donde hay una overtura.
Por el paisaje que se ve desde el lugar en donde el anciano se sienta a crear formas con la masa blanca, sabemos que es la cima de una montaña muy alta. ¿Qué hace el anciano con esta masa? Da forma a los sueños, a los luminosos y a los más oscuros.
Los sueños que crea esta pareja están hecho con leche de sierva. Porque se dice de los siervos, que estos tienden un puente entre el reino terrenal y el espiritual, encarnando y conduciéndonos al reino simbólico e intermedio del alma.
El ciervo es la presencia imponente del espíritu del bosque en la película de Hayao Miyasaki; es aquel que guía el pueblo lapón en los bosques boreales; es también el dios cornudo de los celtas, Cerunnos, señor de la vida salvaje y quien recoge las almas de los moribundos y las lleva al inframundo en compañia de la diosa Flidass.
El ciervo nos acompaña en este décimo día de adviento para que recordemos este lugar intermedio entre lo espiritual y lo terreno, tan presente y relatado en mitos y cuentos de hadas alrededor del mundo.
Un buen décimo día de adviento
Doris