La mujer más antigua del mundo se encuentra allí, al lado de su caldero, en él, prepara sin cesar un caldo que devuelve la vida a quien toca a su puerta cuando parece que todo está perdido.
Las historias en donde el caldero está presente son innumerables, para gracia nuestra, pues nos indica que la historia del mundo sigue siendo escrita y que la tierra aun tiene aquello que necesitamos para sanarnos.
Pero lo tiempos son urgentes, vigilemos nuestros sueños, ¿seguimos soñando que el caldero está encendido?
Taliesin, el gran poeta de la mitología céltica, obtuvo su genio del caldo preparado por Ceridwen.
Cuando la Selkie pensó que daría su último respiro tirada en la playa, escuchó el pálpito de la tierra con su oreja pegada al suelo, la melodía le dio fuerzas para levantar la mirada y encontrar la entrada a la cueva en donde la mujer más antigua del mundo le ofrecería un poco de caldo para devolverla a la vida.
Las historias más antiguas del Grial lo muestran como el caldero de la abundancia de la Gran Diosa, aquel en donde la comida y la bebida nunca tiene fin.
Pero el Grial es también el símbolo de la integración y la transformación para poder acceder a la esencia profunda del alma. Recordemos el viaje de Perceval, largo y penoso, lleno de aciertos, desaciertos y aprendizajes profundos, como la vida misma. Todo ello al servicio de sanar la herida del rey pescador y restaurar la fertilidad de la Tierra.
El caldero como símbolo de la transformación, de la inspiración para la creación y el encuentro profundo con la esencia de nuestra alma, es la imagen que nos acompaña en este noveno día de adviento.
Un abrazo,
Doris