Eros enamorado de Psique, la visitaba cada noche en la oscuridad sin dejarse ver. Los amantes estaban felices hasta el día en que Psique quiso volver a ver a su familia y le pidió a Eros que la dejara encontrar con sus hermanas.
Eros le advirtió que si lo hacía, pondría en peligro la relación de ambos. Tal fue la insistencia de Psique, sus palabras de amor y sus promesas, que Eros accedió, pero le pidió que, por ningún motivo escuchara a sus hermanas y sus recomendaciones.
Psique se lo prometió por el amor que se tenían, y así fue como las hermanas de Psique lograron llegar hasta la morada del dios del Amor.
Cuando llegaron, al ver las riquezas y la belleza en la que vivía su hermana, tuvieron mucha envidia, pero sobretodo, quisieron saber más del amor de su hermana. ¿Cómo era él?
Psique no sabía.
Sus hermanas sembraron la duda en Psique: «¡Tienes que saber quién es, aprovechara su sueño profundo, enciende una vela y comprueba que tu amante no sea un monstruo!».
Encender una vela, encender una luz, es un movimiento enorme hacia la conciencia.
Una de las grandes preguntas que nos deja la historia de Eros y Psique es: ¿qué estamos manteniendo en la oscuridad?
En los cuentos de hadas siempre hay personajes que nos sacan de nuestra comodidad, sobre todo de aquella que, a la larga, nos puede hacer mucho daño. Las hermanas, las hermanastras, las madrastras… todas esas energías arquetípicas que nos impulsan al movimiento son necesarias en nuestra vida.
La amiga o el amigo que nos hace una pregunta que no queremos escuchar, es aquel o aquella que, como las hermanas de Eros y Psique, nos piden llevar la luz de la conciencia a un lugar que necesitamos atender.
El siete de diciembre, en mi Tierra natal, en Colombia, celebramos el día de las velitas. Es un día para reunirnos en familia, orar, recordar a quienes no están cerca y añoramos, y seguir sembrando esperanza.
Desde esta esquina del mundo les deseo ambas, la luz de la esperanza y la luz de la conciencia allí en donde sea necesaria para crecer.
Un abrazo,
Doris