Tercer día de adviento: cuervo
El cuervo en muchas culturas es aquel que sabe más, que lo ha visto todo y entiende que todo sucede porque tiene que suceder.
En los cruces de caminos habita el cuervo, nos cambia la ruta, para que tomemos un camino distinto al conocido y nuestra conciencia crezca, para que se eduque en el misterio de lo inexplicable.
¿Quién se lleva la luz del sol en el invierno si no el cuervo?
El Cuervo siempre nos ha dicho que el cambio es nuestra constante, así nos resistamos. Por ello es quien construye puentes entre los mundos, entre nuestras antiguas costumbres y aquellas que están por venir, pero para ello, el cuervo sabe que necesitamos un tiempo en la oscuridad.
Quedarnos únicamente del lado de la luz no genera cambio, solo rutina, y la rutina agota el alma poco a poco. Por eso el cuervo sabe que tiene que robarse el sol por un tiempo, el necesario. También nos lo dice en la historia de la mujer más antigua del mundo, allí el cuervo sabe que debe aprovechar aquel momento en que la anciana tiene que levantarse para atender el caldero y dejar su tapiz, para destruirlo, de lo contrario, la historia del mundo deja de escribirse y todo acaba.
En las noches largas de invierno, la luz es aquella que nos prodigan las historias, y para verlas mejor, necesitamos cerrar los ojos, o soplar la luz de la vela.
Solo en la oscuridad su medicina cura.
Un buen tercer día de adviento para todes.
Un abrazo,
Doris