En una historia ningún elemento está presente por que sí, siempre hay un significado profundo que nos quiere decir otra cosa que está más allá de lo que pensamos literamente.
Marie Louise von Franz anota:
«La espada simboliza no solo el aspecto separador y discriminador del intelecto, sino también la intervención juzgadora y colérica de Dios en los asuntos terrenales.»
También denota fuerza, poder y en tiempos de la caballería, cada espada estaba conectada de una manera profunda con su dueño. Por ello la espada es representativa de quien la porta, y si es un caballero, es aquel instrumento con el que se enfrenta al mundo.
Si unimos el primer significado con el segundo, es nuestra capacidad de juicio la que nos permite hacer cara al mundo. Tomar decisiones en la vida es un arte, tanto como podemos imaginar era el arte de manejar la espada.
En los cuentos se nos muestran otros entrenamientos para aprender a discernir aquello que nos hace bien y lo que no: separar semillas regadas en el suelo, cientos, miles de ellas.
Lo hizo la Cenicienta.
Aprender a manejar al espada lo hicieron todos los caballeros de la mesa redonda. Perceval también.
¿Cuál es nuestra práctica para separar, discriminar, discernir… tomar decisiones?
Hay una escena muy fuerte en La doncella manca, la cual da nombre a la historia. La doncella, después de saber el terrible negocio que ha hecho su padre, a cambio de volver a tener riquezas, y que compromete su vida, le dice a su padre que le corte las manos tal como esa extraña presencia del bosque se lo ha pedido.
Estuvimos recientemente explorando esta historia en StoryTailors. Y este acto de parte de la chica, que puede parecernos descabellado o terrible, es al contrario, una muestra de una capacidad de decisión y discernimiento que se ha venido gestando en ella lenta e intuitivamente.
El lenguaje simbólico nos regala la profundidad de la vida, allí en donde nada es blanco o negro, allí en donde el color de las cosas se define siempre por la tensión entre los opuestos.